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Padres sobreprotectores

Con cierta frecuencia nos preguntamos si somos padres sobreprotectores o “padres-helicóptero”. Esta realidad es muy frecuente hoy en día. Lo cierto es que la sobreprotección es consecuencia de cuánto queremos a nuestros hijos. Pero, como les queremos mucho, tenemos que aprender a hacerlo bien. 

Vamos por partes: ¿cómo sé si protejo o sobreprotejo a mis hijos? Hay muchas conductas que nos pueden mostrar que somos o no sobreprotectores. La lista puede ser interminable pero, básicamente, una conducta sobreprotectora consiste en no permitir que nuestro hijo haga lo que puede hacer, en concordancia con su edad y madurez, aunque se equivoque en el proceso. Esta debe ser la clave y la pregunta que debemos plantearnos en cualquier circunstancia de duda: ¿mi hijo puede hacerlo solo (con indicaciones o algo de ayuda por nuestra parte) o, por el contrario, estoy sustituyéndole?

Ahora puedes crear tu propia lista de cosas que provocan la sobreprotección: 

  • Evito la complicación o dificultad en su vida.
  • Pregunto en el grupo de padres cuáles son los deberes.
  • Hago los deberes con él, en vez de ayudarle a que los realice él mismo.
  • Le hago la mochila.
  • Le justifico ante los demás y, con frecuencia, ante sus profesores.
  • No tiene obligaciones dentro de la familia o en casa.
  • Apenas dejamos que elija, sino que tomamos esas decisiones por él.
  • Con frecuencia, no permitimos que se equivoque y que cometa errores porque no hay espacio para ello, ya que las cosas que debe asumir las acabamos haciendo nosotros. 

A partir de la pregunta anterior, extiende la lista todo lo que quieras.

Las consecuencias de este tipo de comportamientos son claras: el chico no es todo lo autónomo que debería ser. Además, tiende, poco a poco y si no se corrige la situación, a hacerse más egoísta. Suele saber lo que tiene que hacer para que los demás -frecuentemente sus padres- acaben haciéndolo todo, con su único criterio de la apetencia. Si algo le va a suponer algún esfuerzo, preferirá evitarlo. En ocasiones, pueden ser hasta chantajistas emocionales para con sus padres. Se enfadan rápidamente cuando se les contraría.

Los niños sobreprotegidos tienen menos resiliencia. Se frustran con frecuencia ante la primera dificultad en el camino, incluso culpando de lo que les pasa o de su dificultad a los demás, especialmente en la adolescencia. Todo proceso de aprendizaje implica caer en el error pues, de lo contrario, ya sabríamos prácticamente lo que íbamos a aprender. Si no se puede equivocar, asume que debería hacerlo bien a la primera y, si no puede, se frustra y se considera menos que los demás, pues se espera que lo haga bien a la primera.

Consecuentemente, son niños más inseguros, dado que no van adquiriendo las herramientas necesarias para afrontar nuevas situaciones en la vida, nuevos retos. La inseguridad influye directamente en la autoestima, en la capacidad de creer en sí mimo y, en consecuencia, en las relaciones sociales que el niño pueda establecer o mantener. Todo ello retrasa su madurez y es algo que sucede de forma sibilina, sin que nos percatemos de la situación, porque estamos inmersos en ella y el árbol no nos permite ver el bosque. 

Si te reconoces a ti o a tu hijo en buena parte de lo expuesto, no te agobies. Aprende a cambiar esos pequeños detalles que te hacen sobreproteger, más que proteger. Te invito a que hagas una lista en la que indiques esas conductas y situaciones en las que sobreproteges y te impongas un plan personal de mejora en alguna de ellas, poco a poco. Sin prisa, pero sin pausa. Plantéate pequeños objetivos, pero alcanzables.

¿Qué eres capaz de hacer por tu hijo? ¿Qué mejor excusa de mejora personal que hacerlo por alguien a quien tanto quieres?

Debemos aprender a amar bien a nuestros hijos. Como padres, debemos ser esa mano que sostiene al bebé que aprende a nadar chapoteando. Nuestra protección ofrece seguridad, parece que no estamos, pero caminamos junto a nuestro hijo: en la playa hay dos pares de huellas mientras sostienes con tus brazos a tu hijo para que la aspereza de la arena no toque su piel.

¿Se te ocurre un reto más bello en tu vida que este paseo por la playa?

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Héctor Reyes Martín

Héctor Reyes es doctor en Neurociencias y miembro de la Sociedad Española de Neurología en la Sección de Estudio de Neuropsicología, en el Grupo de Estudio de Humanidades e Historia de la Neurología y en el Grupo de Estudio de Conducta y Demencias. Ejerce como profesor de Física y Química en el Colegio Internacional J.H. Newman, en Madrid.

Con cierta frecuencia nos preguntamos si somos padres sobreprotectores o “padres-helicóptero”. Esta realidad es muy frecuente hoy en día. Lo cierto es que la
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